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QUERER VS. SENTIRSE QUERIDO


A menudo hay una distancia muy grande entre QUERER y SENTIRSE QUERIDO. Demasiada. Tanto que a veces los adultos estamos convencidísimos de querer mucho a nuestros hijos, pero este amor no les llega.


Querer mucho a un hijo NO es una condición suficiente para que se sienta querido. Ojalá fuera así, ¿verdad? Todo sería bastante más fácil. Pero como siempre la realidad es más compleja.


Hay varios ingredientes necesarios para esta receta:

- primero sentir amor

- expresarlo reconociendo al otro, viendo su forma de ser y sus necesidades

- que llegue al otro de alguna forma. Que vaya entrando poco a poco por los poros de la piel, sintiéndolo bien dentro para que cuaje.


¡Pero cuidado! No hemos de caer en los absolutismos de querer al 100% y en todos los momentos porque es un objetivo imposible, la vida está llena de matices. Busquemos que les llegue nuestro querer de forma suficiente. Y para asegurarnos se lo podemos preguntar.


De hecho, si en algún momento un hijo os expresa que no se siente querido, acoged sus palabras sin intentarle convencer de otra cosa. Es verdad que es doloroso de sostener, pero nos está haciendo una demanda que necesita ser acogida. Hemos de dar espacio a su sentir y evitar convencerle de que no tiene razón con una avalancha de argumentos. Cuando no tenemos en cuenta lo que de verdad nos dicen dañamos la confianza y es probable que le cueste abrirse en otras ocasiones.


Agradeced su apertura y sinceridad. Escuchad y acoged lo que os expresa sin ponernos a la defensiva. Preguntarle qué espera de vosotros, qué podéis hacer para que se sienta mejor y después también podéis compartir como os sentís vosotros, no para hacerles sentir mal y esperando un cambio sino para compartir.


Es habitual que cuando algo nos remueve y nos desagrada, intentemos evitar el dolor con mucha verborrea, dando grandes razonamientos, pero es más importante conectar con su sentir y que hacer grandes sermones morales.