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¿QUÉ PASA CUANDO NUESTRO HIJO TIENE UNA REGRESIÓN?

Actualizado: 17 sept




En general la maduración de los niños pequeños es continua y si las condiciones biológicas y el entorno más cercano: padres, abuelos, educadores y cuidadores les saben interpretar y acompañar adecuadamente, de forma innata irán pasando de una fase a otra y madurando a su propio ritmo.


Es un proceso que sigue un concepto de continuum evolutivo marcado por años de evolución, pero sin embargo no es lineal y es importante tenerlo presente para evitar sufrimientos.


Los niños pueden tener regresiones, es decir, volver a tener determinados comportamientos que ya dábamos por superados como por ejemplo: la necesidad de dormir con los padres, hacerse pipi encima, pedir brazos sin parar… y de hecho, son bastante habituales. Aunque a nosotros nos dejan descolocados, nos frustran porque los interpretamos como un fracaso y nos activan algunos miedos, son normales. Y pueden ser una oportunidad para que nuestros hijos afiancen algún aprendizaje emocional que no integraron del todo o incluso para interiorizar alguno nuevo. Y nosotros podemos aprender a su lado.


Si les acompañamos sin estar pendientes de nuestras expectativas, sin proyectar nuestros miedos, intentando conectar con ellos e interpretando el mensaje que hay detrás de la regresión, mostrándoles nuestro apoyo y dándoles tiempo, los pasos que nuestros hijos dan para atrás serán pasos más firmes hacia adelante.