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PRESENCIA

Actualizado: 15 sept



Me he decidido a hacer este escrito porque me parece un tema importantísimo dentro de la crianza consciente y respetuosa, incluso me atrevo a decir que es uno de los pilares sobre el que se sostiene el vínculo entre padres e hijos.


La propia palabra, PRESENCIA ya nos da pistas de que se refiere a estar PRESENTES, es decir, en el PRESENTE, en el AQUÍ Y EL AHORA. Justo en el punto dónde están nuestros hijos y poniendo atención plena. Es decir, partiendo de la voluntad sincera de querer estar con todo nuestro ser: cuerpo, mente y corazón con ellos y olvidándonos por unos momentos de los ruidos externos e internos, móviles, tareas domésticas, nuestros quebraderos de cabeza etc.


Así, podremos abrirnos a algo maravilloso y trascendente, a la posibilidad de CONECTAR con nuestros hijos, saber lo que piensan y sienten. Comunicándonos desde nuestra autenticidad con su esencia.


Tener unos padres presentes (también lo podemos generalizar a los abuelos, maestros y figuras significativas) les llena, les hace sentir que les tenemos en cuenta. Cada momento de presencia es como una píldora de plenitud que contiene dosis auténticas de mamá/papá y a medida que las van interiorizando se van sintiendo más plenos y seguros, ganando día a día confianza para más adelante poderse separar de nosotros y abrirse al mundo. Son como píldoras de salud emocional que los hijos guardan muy dentro y a las que pueden recurrir en momentos de bajón.


¡Así que a buscar un hueco en las agendas para encontrar estos momentos de presencia semanales!


Pero para que realmente tenga esta cualidad trascendente, es necesario que sea auténtica porque de lo contrario puede ser contraproducente. Pensad que los niños tienen la capacidad innata de saber si estamos atentos plenamente o si estamos físicamente cerca, pero distraídos con otras cosas, incluso con nuestros propios pensamientos: “tengo que sacar el pollo del congelador”, “¡ostras, me he olvidado de enviar un mail!”, “está a punto de llover, tengo que sacar la ropa tendida” …. lo notan, ¡y tanto que lo notan! y les hace sentir mal. Normal, a los adultos también nos pasa. ¿O no os ha ocurrido alguna vez que vuestra pareja os dice que os está escuchando, pero vosotros notáis que está pendiente del móvil? ¡A que frustra mucho! Pues a los niños les ocurre lo mismo. Si no estamos presentes les llega un mensaje contradictorio “mi mamá está, pero no está. A lo mejor no soy suficientemente importante o valioso como para que juegue conmigo” y les entristece.


De hecho, cuando esto ocurre, es habitual que muestren su malestar de múltiples formas y no nos debe sorprender. Dependiendo de su madurez, es probable que lo verbalicen o se encierren en la habitación (a veces con portazo incluido), pero si son más pequeños sus reacciones pueden ser más primitivas, con poco filtro racional, dando golpes, patadas, mordiendo, tirándose en el suelo, gritando… en definitiva, expresando su disgusto. En cualquier caso, sea cual sea su comportamiento, no lo debemos interpretar como nada más lejos que un reclamo de atención. La intensidad de su reacción es proporcional a la intensidad de su enfado, nada más. Es verdad que a los padres, estos comportamientos nos chocan mucho, pero sólo nos están diciendo “¡eeeeoooo estoy aquí, tengo ganas de estar contigo y pasas de mi!”.


No debemos malinterpretar estos comportamientos con juicios lapidarios del tipo “te estás volviendo un tirano”, “mira que eres maleducado” o “eres un déspota”, porque no son interpretaciones realistas y vamos a aumentar el malestar de todos. Es importante entender que estos comportamientos son la expresión de su inquietud interior y que no hay una intención consciente de hacernos daño. Hemos de ir a la raíz para ayudarles a canalizar lo que sienten de una forma más asertiva. Les podríamos decir, por ejemplo: “veo que estás muy enfadado porque no te estoy prestando atención, tienes razón, ahora que me doy cuenta voy a jugar contigo. Tranquilo estoy aquí. Y la próxima vez quiero que me lo pidas sin gritar”.