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¿PERO SI NO LE CASTIGO, ENTONCES QUÉ HAGO?



Esta pregunta es muy frecuente entre padres y profesores. Hemos sido educados a base de castigos, recompensas, reprimendas, juicios o manipulaciones y entendemos que son la mejor forma de poner límites y de cambiar el comportamiento de un niño, pero realmente no es así.


Cuando tratamos a los niños de esta forma, generamos relaciones de poder en las que el adulto es el dominante y el niño el dominado. Y es un poco peligroso porque acabamos educando niños sumisos y desconectados.


Cuando les transmitimos que tienen que obedecer a los adultos y no tenemos en cuenta sus necesidades les generamos el sentimiento interno de que lo que piensan y sienten no es importante y de que su valoración personal depende de si cumplen adecuadamente con “las normas de comportamiento y curriculares”.


¿Pero estas normas están pensadas teniendo en cuenta el bienestar y el respeto por su desarrollo (sus necesidades, ritmos etc.)? ¿La mejor forma de aprender es con castigos, amenazas y generando ambientes competitivos? Estoy convencida de que no. Que lo hayamos normalizado no significa que sea bueno para ellos. Hay otras formas de educar mucho más respetuosas.


De hecho, es curioso como los adultos en general alabamos a las personas que tienen iniciativa, opinión propia, fuerza interna, perseverancia, que se hacen respetar, que dan su opinión sin miedo, que expresan sus sentimientos, que tratan a los otros con igualdad, con humanidad…. pero, si a los niños no les tratamos así ¿cómo lo aprenderán?


Si cada día ponemos un poco más de consciencia podemos cambiar muchas cosas. La educación y la infancia son la clave.