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MÁS PRESENCIA Y MENOS PRESENTES

Actualizado: 17 sept




Todo lo de mi alrededor me recuerda que se acercan las fiestas navideñas: las actividades escolares giran alrededor de esta temática, los escaparates se llenan de luces, los supermercados están repletos de turrones, polvorones y chocolatinas, y aunque este año parece que será un poco diferente, seguro que los excesos de comida, de regalos y de emociones seguirán estando presentes.


Y deseo adelantarme a todo ello y posicionarme con firmeza, desde la calma y la serenidad que da la perspectiva porque este año más que nunca quiero evitar que me arrastren el consumismo y la “obligaciones”. No sé si es por la situación de crisis que estamos viviendo, por la etapa evolutiva en la que se encuentra mi hijo, por lo que observo en otros niños o por como me siento yo, o probablemente por un poco de todo, tengo más necesidad que nunca de parar y reflexionar sobre cómo quiero vivir estas fechas que se aproximan.


Me pregunto: ¿Qué recuerdo me gustaría tener de ellas? y ¿Qué recuerdo me gustaría que tuviera mi hijo?


Creo que mirar con perspectiva y poder concretar lo que está en mis manos, me permite poner el foco en lo que es realmente importante, en lo que me llena y nutre, en lo que es bueno para mí y también para mi hijo, tanto emocional como físicamente y de esta forma, puedo ver con mucha más claridad lo que es superfluo e incluso perjudicial y despojarme de ello.


Una muy buena amiga y terapeuta infantil un día me dijo: “los niños no pueden tener un exceso de cosas porque así no tienen espacio para desear y esto les genera apatía y tristeza”. Sería como una sensación interna de que como ya lo tengo todo, nada me hace ilusión y entonces sus comportamientos giran alrededor de la insatisfacción.


Dicho de otra forma, no sobre-estimulemos a los niños con muchos juguetes y dulces porque se pueden empachar. Más PRESENCIA y menos PRESENTES.