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LA CREATIVIDAD ES UNA ALIADA DE LA CRIANZA

Actualizado: 18 sept



Educando a niños pequeños a veces nos podemos quedar como fuera de combate, sin estrategias. Sin saber muy bien cómo reaccionar ante determinadas conductas que nos pillan por sorpresa. Y no pasa nada, es una realidad en muchos hogares y escuelas porque no hay unas pautas fijas para todas las situaciones. Pensar lo contrario es irreal. Los manuales aportan pautas, claro que sí y son de gran ayuda, pero hemos de adaptarlas a las personas porque cada niño, padre o maestro es diferente. Hemos de ser flexibles para poder educar respetuosamente y sobre todo hemos de poner en el centro de nuestro interés a la persona y no a la pauta psicopedagógica.


Dicho esto, en estas situaciones que no sabemos muy bien qué hacer, sería importante recuperar la conexión y para ello puede ser muy útil el JUEGO, la IMAGINACIÓN y/o el HUMOR (que no reírse del otro). Nos permitirá comunicarnos desde un plano más divertido y reducir el malestar. Os lo recomiendo porque es muy simple, realmente efectivo y está a la disposición de todos.


Os pongo un ejemplo que me pasó con mi hijo por si puede ser de inspiración para alguien. Hace unas semanas Jan echaba de menos a su padre porque estaba confinado. Como ya tiene 9 años me pudo expresar con bastante claridad que echaba de menos sus abrazos y que no sabía cómo le podía ayudar a pasar lo mejor posible ese confinamiento. Como tienen una relación muy estrecha, con mucho contacto físico (abrazos laaaargos al despertarse, “guerra” de cosquillas diaria, “metralletas” de besos, gestos de complicidad cuando se cruzan por el pasillo…) le propuse que podían hacer una correspondencia de abrazos y besos dentro de casa. Que cada vez que sintieran el deseo de darse un beso o abrazarse lo dibujaran o escribieran en un papel y lo guardaran dentro de un sobre y que al final del día se los podrían intercambiar. Con la única intención de sentir al otro cerca, pero sin tenerle presente físicamente. Al momento, se fue a buscar una lápiz y un papel y empezó a proyectar sus dosis de besos y abrazos.


Y así vivió Jan ese confinamiento, con un sobre lleno de cariño que le aportó serenidad.