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LA AUTOESTIMA



Como ya nos indica el término, la AUTOESTIMA es la percepción y la estima que tenemos de nosotros mismos. Según mi opinión, todos nacemos con autoestima. Es decir, todos nacemos conectados con nuestras necesidades auténticas y con el suficiente valor personal para reclamar que estas sean atendidas. Si os fijáis, cuando un bebé conecta con la sensación de hambre reclama el alimento a través del llanto, cuando conecta con el cansancio se muestra más inquieto para que el adulto le ayude a relajarse, cuando conecta con el dolor grita para que unos brazos le calmen etc.

La autoestima no es una capacidad que se va construyendo a medida que uno va creciendo sino que ya nacemos con ella y nuestro papel como adultos es el de preservarla, de ayudar a los niños a que sigan conectados con sus necesidades, con su brújula interior. Respetando sus demandas auténticas y atendiéndolos con amor y paciencia sentirán su propio valor.


Entonces, solamente necesitarán construir la autoestima si en algún momento esta se ve destruida. Siempre estaremos a tiempo de ello.


¿Y cómo se van desconectando los niños de sí mismos, de sus necesidades y de sus intereses?


Cuando de forma reiterada interpretamos inadecuadamente sus reacciones, cuando ponemos en duda sus reclamos de atención o cuando ponemos más mirada en los cánones sociales y no en quiénes son y qué necesitan realmente.


Es habitual que los adultos, de una forma inconsciente pensemos que los bebés nos piden demasiada atención, que tienen que ser más autónomos, más inteligentes o menos movidos. Con mucha facilidad interpretamos que nos toman el pelo o que si atendemos sus necesidades les estamos consintiendo. Y esta mirada nos lleva inevitablemente a desatenderlos y a desvalorizarlos. A que se desconecten en pro de nuestras exigencias y a la larga mermando su autoestima.


Nuestro amor incondicional, el respeto hacia sus ritmos y la aceptación de quienes son, serán relevantes para que se valoren. Y recordar que como adultos cuidadores, siempre estamos a tiempo de cambiar patrones dañinos. Los errores que hayamos podido cometer pueden ser grandes oportunidades para aprender y seguir creciendo.