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LA ALIMENTACIÓN DE NUESTROS HIJOS (P. 1)

Actualizado: 15 sept


¿Por qué resulta tan difícil cuidar la alimentación de nuestros hijos? ¿Qué ha pasado para que hoy en día los padres se sientan tan desorientados? ¿Por qué nos hemos alejado tanto del tipo de alimentación que llevaban nuestros abuelos?


Estamos inmersos en una sociedad cada vez más sedentaria, en la que se priorizan las tardes delante de la PlayStation a las salidas al campo, los potitos industriales a las papillas caseras, la bollería a la fruta, abrir latas a encender el fuego, las cenas delante de la tele a las cenas en familia… y el resultado final es un aumento vertiginoso del sobrepeso en los niños.


Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. En España, un 40% de la población infantil tiene sobrepeso. Las cifras hablan por si solas. Algo estamos haciendo mal y llegados a este punto todos tenemos que poner de nuestra parte, los padres, las escuelas, los hospitales, la industria alimentaria etc. para revertir esta situación.


Hay un proverbio africano que me gusta mucho que dice: “es necesaria toda la aldea para criar a un hijo” y creo que refleja mucho la necesidad actual de que toda la sociedad se implique en la salud de los más pequeños, sin excusas, porque en una sociedad madura la salud debería ser una prioridad. Si desde las familias, las escuelas, la industria y la sanidad se promovieran patrones alimentarios saludables los niños los interiorizarían de forma natural, sin contradicciones ni angustias. Se podrían evitar determinadas enfermedades y ya de paso también se evitarían muchas discusiones dentro de la familia.


Sólo un 10% de los niños toman verdura y si en algo coinciden todas las corrientes dietéticas es precisamente que la base de una alimentación saludable son las verduras, de hecho deberían formar parte entre un 40-50% de nuestra ingesta total. ¿Y entonces porqué a los niños (y no tan niños) les cuesta tanto tomarlas? ¿Por qué prefieren los procesados y refinados?


Es evidente que en las últimas décadas ha habido un cambio significativo de la alimentación, aumentando la ingesta de procesados y disminuyendo los alimentos primarios y en consecuencia alterando nuestro termostato interno del sabor y saboteado los mecanismos innatos de autorregulación.


Lo desarrollo. Hay muchos productos procesados (snacks, bollería, chucherías, salsas, sopas instantáneas, pastillas deshidratadas para condimentar guisos, papillas etc.) que contienen grasas de mala calidad, azúcares y/o sal refinada y aditivos como los potenciadores del sabor, que al tomarlos con regularidad provocan que nuestra paleta de sabores esté siempre en los extremos, acostumbrando a nuestro paladar a sabores intensos. En consecuencia, si a los hijos les damos estos productos, desde muy pequeños nos pedirán estos sabores y rechazarán los alimentos naturales por “falta de sabor”, y no es que no lo tengan, simplemente es que sólo llevan lo puesto, no necesitan nada añadido para ser disfrutados.


Hace unos años se hizo un estudio en E.E.U.U en el que se concluía que los niños reconocían el sabor de fresa de los aditivos químicos que ponían en los yogures, chicles, gominolas, helados, mermeladas etc. como si fuera este el sabor natural. Y tengo la sensación que nosotros vamos por el mismo camino.


También es importante saber que los procesados acostumbran a tener una mezcla de grasas, azúcares y/o sal refinada que es muy irresistible para nuestro cerebro, porque la reconoce como una explosión de placer y nos excita a comer más, boicoteando nuestros mecanismos naturales de regulación del hambre. ¿Os suena? Seguro que lo habéis experimentado en vuestra propia piel tomando unas galletas o un snack sin poder parar.


A los niños les pasa exactamente igual. Sus señales de hambre y saciedad son burladas y les costará parar de comer, buscando esta satisfacción inmediata y creando adicciones a estos productos. Además, como estamos en una sociedad en la que impera la inmediatez de los placeres y no se busca un estilo de vida saludable a largo plazo, corremos el riesgo de ir tapando emociones negativas como la rabia, la tristeza, la frustración, la soledad… con estos productos, creando así apegos insanos.


¡Nota importante! detrás de muchos trastornos psicológicos están estos apegos alimentarios insanos.


Y os aseguro que un niño alimentado con alimentos naturales y al que se le han respetado sus mecanismos de autorregulación, estará bien conectado y cuando esté lleno parará de comer aunque tenga un trozo de pastel de chocolate delante, y lo bueno es que lo hará de forma natural, sin ansiedad e independientemente de cómo se sienta psicológicamente. Ellos nacen conectados y autorregulados, ¡no les dañemos nosotros!