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EDUCAR DESDE EL RESPETO

Actualizado: 15 sept


Hablar de educación implica hablar de un arte complejo que trae de cabeza a muchos padres, abuelos y maestros y como cualquier arte requiere de habilidades, conocimientos y dedicación, pero sólo cobrará un sentido profundo cuando lo hagamos desde el respeto. Y aquí está una de las claves que puede salvaguardar a nuestros hijos de caer en una educación vacía, competitiva y autoritaria. Nos tenemos que aferrar a este valor porque en muchas situaciones cotidianas de convivencia es el que nos sacará a flote sin que nadie salga perjudicado.


Pero, ¿qué entendemos por respeto? Proviene del latín “respectus” que significa “atender, tener en consideración”. Es decir mirar al otro desde el valor que tiene como ser humano por el simple hecho de existir, desde la voluntad de reconocerlo.


Leído así parece simple, ¿verdad? incluso hasta poético, pero ya os anticipo que de simple no tiene nada, todo lo contrario, se avecinan curvas y de las pronunciadas porque para atender al otro con esta mirada respetuosa es necesario primero mirarnos a nosotros mismos, conectar con nuestro interior. Eso que hace años que decimos que debemos hacer, pero que no lo acabamos haciendo porque en el fondo nos da miedo y un poco de pereza. ¿Sabéis a lo que me refiero, verdad?… Y así vamos tirando y educando, llevando a cuestas nuestras sombras y proyectándolas a nuestros hijos.


Para acompañarles de una forma respetuosa primero debemos parar y poner fin a nuestros enjambres emocionales no resueltos, poniendo el foco dentro, de nosotros, en los vacíos, en los llantos no reconocidos, en las rabietas capadas, en esas emociones que no fueron nombradas pero sí grabadas en el cuerpo e incluso el alma, en definitiva en nuestros interiores heridos, reconocerlos y trabajarlos para poderlos liberar.


Así, y solamente así podremos mirar e interpretar a nuestros hijos con un filtro más limpio, sano y equilibrado. Verlos como los seres únicos que son y sin mezclar lo nuestro con lo suyo.


Os animo a que hagáis este ejercicio de introspección porque el resultado siempre es reparador y liberador. Os permitirá relacionaros con vuestros hijos de una forma más saludable y auténtica.


Nunca es demasiado tarde para querer mejorar, ellos siempre nos reciben con los brazos abiertos porque desean y necesitan unos padres conectados y presentes que les reconozcan, acepten y amen.


Ellos son las semillas de nuestro mundo futuro y se merecen todo nuestro respeto.