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CÓMO RE-CONECTAR

Actualizado: 15 sept



En la sociedad que vivimos se premia la rapidez y la productividad, infravalorando la calma, el fluir y el sentirse en el presente. Y es precisamente este estar en el presente uno de los ingredientes básicos para cocinar una buena salud psicológica.


A menudo tengo la sensación de que muchas personas pasan días enteros enganchadas al trabajo, dejando pasar el tiempo delante de una pantalla, yendo con prisas para arriba y para abajo, comiendo sin conciencia, engullendo alimentos procesados y estimulantes para poder seguir el ritmo frenético marcado, teniendo muy pocos momentos de tranquilidad y de silencio para poderse escuchar y reencontrarse. Y lo curioso es que, normalmente, cuando llegan a casa agotados después de sobrevivir a un día maratoniano, sólo tienen ganas de cenar cualquier cosa pre-cocinada y desvitalizada, y estirarse en el sofá para desconectar delante de la televisión. Y lo entiendo, yo también lo he hecho y no nos debemos fustigar por ello, se trata de hacerlo de vez en cuando y desde la conciencia, sin culpas, pero evitando que se convierta en un hábito donde nuestro tiempo y energía se van a través de la pantalla.


Me pregunto…… ¿muchas de las veces que nos “enchufamos” al televisor de qué necesitamos desconectar?!!!!! ¿Será de nosotros mismos, no? Resulta muy irónico porque nos pasamos el día conectados con lo que la sociedad nos dice que tenemos que hacer y no con nuestro ser y llega la noche y aún nos desconectamos más. ¿Creéis que es posible estar más desconectados aún?… lo dudo. ¿No sería más beneficioso realizar alguna actividad que nos ayude a cargar las pilas de verdad, que nos aporte serenidad o refuerce nuestro YO o simplemente descansar?


Es importante poner un punto y final a estos círculos viciosos y para ello debemos partir una vez más de la conciencia de lo que nos perjudica y lo que nos ayuda a crecer y nos aporta bienestar.


Es verdad que cuesta romper con estos hábitos porque que casi todo lo que nos rodea nos lleva a la expansión, expansión y más expansión, y no es fácil encontrar momentos para mirar hacia adentro, pero es importante no dejarse arrastrar.


Cuando miro a mi alrededor, veo a autómatas dirigidos vía bluetooth por los cánones sociales y olvidan de que cada uno es dueño de su propia vida. Debemos poner el foco en nosotros, ser más honestos, respetarnos y responsabilizarnos de nuestra vida, (re)conectar para sentirnos bien y evitar así muchos malestares psicológicos. Está en nuestras manos modificarlo.


Con tanta expansión, a veces pienso que podríamos ir y volver a la luna pero aún seguiríamos desconectados de nosotros mismos. Y esto no da la felicidad, todo lo contrario. Nos lleva a sobrevivir en lugar de vivir, a andar de puntillas y sin el sostén de esos aprendizajes personales profundos que dan la oportunidad de crecer y madurar.


Debemos tirar el ancla, poder disfrutar de momentos en contacto con la naturaleza para re-conectar con nuestra esencia y cuando nos sintamos preparados coger el timón y poner rumbo a nuestros deseos y sueños. Debemos arraigar el YO en el cuerpo para conseguir la calma interior que nos merecemos. Si partimos de este punto, nos empezaremos a respetar y a querer y nos llevará de forma natural a tener una vida más saludable, siguiendo una alimentación más sana, buscando momentos de descanso y respetando nuestras emociones.


Tal y como nos sentimos comemos y afrontamos la vida, y al revés. Es decir, un determinado estado de ánimo nos lleva a desear determinados alimentos y al revés.

Y ¿por dónde empezar? Es más fácil de lo que parece, la cuestión es desearlo de verdad y sentir que es el momento adecuado para iniciar esta re-conexión.


Es un camino de introspección que puede ser más o menos largo dependiendo del punto de partida deL que parta cada uno, pero una buena forma de empezar es buscando momentos de tranquilidad y atención plena. No hace falta dar un giro de 360º a vuestras vidas o hacer posturas de yoga todo el día, más bien me refiero a buscar momentos que os permitan estar concentrados en algo, en el presente, relajando la mente y el cuerpo, como por ejemplo dar largos paseos por el bosque, bañarnos en una playa tranquila, bucear, leer, tocar un instrumento, coser, bailar, meditar, cocinar, cuidar un huerto, hacer retiros, ayunos, masajes…. cada uno deberá encontrar su manera.


¡Aviso para lectores! Iniciar este proceso de introspección después de muchos años de desarraigado de uno mismo puede provocar miedo, normal, pero que no cunda el pánico. Se tendrán que atender sentimientos de vacío y un sinsentido, escucharlos y aceptarlos sin luchar contra ellos, transitarlos, sentirlos para luego poner la acción en el cambio. Y aquí viene la parte positiva, este malestar será pasajero y hemos de tener muy presente que nos dará una oportunidad para priorizar nuestro YO ante el TU y así empezar a re-conectar. Más adelante ya podremos dar y entregarnos desde una posición más auténtica y sana.


Si conseguimos encontrar estos espacios y momentos y nos escuchamos desde una conciencia tranquila, sin juzgarnos, dejando fluir, empezaremos a entender las señales que nos da el cuerpo, a conectar con las emociones, a identificar los pensamientos y a contactar con la intuición, que, aunque no lo parezca es nuestra aliada. Soy consciente de que lo que acabo de decir no está muy aceptado para una gran parte de mentes científicas y lo entiendo porque hemos sido educados en la racionalidad, pero la intuición es un canal de expresión de nuestro mundo interior muy válido y si la atendemos puede ser una gran guía.


Así, escuchándonos y respetándonos, poco a poco iremos recuperando trocitos de nosotros mismos y empezaremos a vivir una vida “menos perfecta” pero más auténtica, bien conectados y más equilibrados, NUESTRA VIDA.