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¿CÓMO AFRONTAR UN CONFINAMIENTO?

Actualizado: hace 5 días


Estamos viviendo una situación excepcional de pandemia (con confinamiento incluido) y como tal, requiere de un esfuerzo extra por nuestra parte, los padres, y también por parte de nuestros hijos porque ellos también van a vivir muchos cambios, algunos agradables y beneficiosos, pero otros serán indeseados. Y en general, cuando vivimos cambios inesperados necesitamos un tiempo de adaptación, pero como en este caso, los padres somos los adultos, es nuestra responsabilidad acompañar a nuestros hijos a afrontar la situación de la forma más saludable posible. Por este motivo me he lanzado a escribir las siguientes reflexiones personales.


A modo de introducción deciros que muy a menudo, y de hecho, a mi parecer demasiado, escucho frases del tipo “¡tranquila, los niños pequeños no se van a enterar!”, “¡se adaptan a todo!”, “cuando sea mayor ya ni se acordará”, dando a entender que ellos, por el simple hecho de ser pequeños no sienten nada de lo que viven u olvidan lo poco que sienten. Y la realidad no es exactamente así. Es verdad, que tienen una gran capacidad de superación, pero no lo debemos confundir con que no sienten lo que viven. De hecho, probablemente somos nosotros, los adultos, los que necesitamos entenderlo de esta forma tan poco realista porque nos resulta más fácil de sostener, pero es una irresponsabilidad. Los niños tienen un mundo emocional que es imposible de desligar de su persona, porque también son seres interconectados, su psique-cuerpo-espíritu está en constante relación. No pueden dejar de sentir igual que no pueden dejar de ver. Y además, no sólo sienten lo que viven sino que también lo van grabando en el cuerpo de múltiples formas.


Desde la neuropsicología, se ha visto que los niños muy pequeños no tienen una memoria explícita (la que recordamos y podemos explicar) porque aún no tienen el cerebro desarrollado, pero sí que tienen una memoria implícita, como un “cerebro inconsciente”. Y es importante reconocerlo porque nos cambiará la forma de mirarles y entenderles, y nos acercaremos a ellos con más empatía y respeto. Muy necesario en tiempos de crisis.


De hecho, en las próximas semanas nuestros hijos van a vivir cambios que les pueden generar tensión, inseguridad, tristeza, ira, soledad o angustia, entre muchos otros. Dejaran de tener contacto con algunos de sus referentes (familiares, profesores, amigos…) y no podrán moverse libremente fuera de las paredes de su casa. (Y recordad que el movimiento libre y el contacto con la naturaleza son necesarios para su bienestar y desarrollo).


Además, también hemos de ser conscientes de que nosotros, los adultos, es probable que estemos más preocupados de lo habitual y abstraídos con las múltiples informaciones que nos lleguen sobre la pandemia, y todo ello les puede afectar de formas diferentes, con rabietas, regresiones, peleas recurrentes con los hermanos, despertares nocturnos etc. ¡Normal, ellos también necesitan un tiempo de adaptación! Debemos tenerlo presente, así no nos va a pillar desprevenidos y podremos crear un marco mental que nos ayude a ser más pacientes, flexibles y comprensivos. Pensar que cuando empatizamos con el otro de verdad, con su situación, es más fácil entenderle y atenderle.


Una vez contextualizado el tema e intentando concretar un poco más, ¿qué otras cosas podemos hacer los padres para acompañarles durante este período? Pues bien, para empezar sería bueno parar y ver cómo estamos, preguntarnos cómo nos sentimos y poner nombre a lo que sentimos.


Reconocer nuestras emociones nos ayudará a pasarlas a un plano más consciente, atenderlas para luego liberarlas y así poder acompañar a nuestros hijos desde una posición más madura y responsable, libre de cargas personales. De lo contrario, si los adultos estamos desbordados por nuestras propias emociones será más difícil sostenerles adecuadamente y les haremos sentir vulnerables y solos.


Si os cuesta este ejercicio de auto-reconocimiento, os puede ayudar cerrar los ojos, realizar unas cuantas respiraciones profundas y poner la atención en las sensaciones corporales, ver qué zonas tenéis más tensionadas, observar si sentís opresión en el pecho, si notáis algún nudo en el estómago, alguna contractura o incluso dolor y a partir de ahí focalizar la atención en esas partes para descargarlas haciendo respiraciones profundas y pausadas durante unos minutos. Si os vienen pensamientos a la cabeza, es normal, debéis dejarlos pasar y volver a poner la atención en el cuerpo. Al principio os puede costar un poco, pero no os desaniméis, es cuestión de práctica. De esta forma conseguiréis conectar con esas emociones que han sido somatizadas y respirando podréis liberarlas poco a poco. Además, al bajar las revoluciones y recuperar la clama, podréis tomar decisiones más asertivas.


Otra ejercicio que os puede ayudar a sobrellevar el confinamiento consiste en planificar de una forma práctica y flexible cómo os podéis organizar las mañanas/tardes, comidas, salidas para ir a comprar, horario para hacer los deberes, el trabajo etc. Y dentro de este planificación sería saludable priorizar:


un espacio físico y temporal dónde cada miembro de la familia, individualmente, pueda descargar tensiones y a la vez nutrirse haciendo algo que le guste, que le permita desconectar de todo el ruido externo y le ayude a recuperar su centro, como por ejemplo leer, cocinar, hacer deporte, meditar, hacer un puzzle, cuidar un huerto… es verdad, que parece obvio, pero estamos en un momento dónde el exceso de obligaciones nos puede engullir fácilmente, que si los hijos, el trabajo, la casa, la pareja etc. Además, no estamos acostumbrados a pasar tanto tiempo juntos y “encerrados”, lo cual lo hace aún más necesario. Os recomiendo buscar activamente estos espacios personales porque es muy difícil tener dosis extras de paciencia cuando uno está agotado.


– en contraposición, también sería importante encontrar momentos exclusivos con los hijos para conectar, jugando a algo que os apetezca a todos y entrando en su ritmo, su lógica infantil y momento evolutivo para darles presencia de la buena. No hace falta que sea durante horas, pero sí que cuando lo hagáis estéis dispuestos a estar con ellos, porque los niños también se nutren de ello. Les da calma y sensación de plenitud. (Si queréis más información podéis leer el escrito del blog “Presencia”).


alternar actividades expansivas, en la medida que se pueda, (hacer circuitos dentro de casa, carreras de sacos por el pasillo, tirar pelotas dentro de una caja, los que podáis salir al jardín o terraza para hacer estiramientos…), con actividades de recogimiento (leer cuentos, hacer barro, hacer cabañas con mantas, cuidar plantas, masajes, baños calientes…). Los niños tienen una energía más expansiva y ahora en primavera aún más, por eso es importante que nosotros les ayudemos a reconducir esta energía con actividades más introspectivas. La naturaleza tiene este ritmo de expansión-contracción que a los niños les armoniza.


actividades artísticas libres individuales o en grupo como dibujar, tocar un instrumento, hacer barro, cantar, bailar etc. porque a través de ellas conectamos con nuestro mundo interior y lo expresamos liberándolo. Las actividades artísticas tienen una cualidad terapéutica muy interesante.


limitar los momentos de televisión, radio y mensajes de las redes sociales. Podéis buscar información sobre la pandemia con limitación. Os ayudará a recuperar vuestro centro, a no dejaros arrastrar por la angustia del momento. De hecho, al contrario de lo que estamos viviendo, dónde muchas cosas no están bajo nuestro control, dosificar la información sí que lo está. Reconozco que no es fácil porque precisamente estamos deseosos de información, casi “enganchados”, pero nos permitirá estar más serenos. Para conseguirlo, os puede ayudar haceros las siguientes preguntas: ¿Qué me aporta recibir constantemente información del Covid-19? ¿Qué sentimientos me genera?, ¿Cómo interiorizo la información?, ¿Está afectando a mi entorno?


Ya para terminar, no quería dejar de hablar de los deberes escolares porque sé que traen de cabeza a muchas familias. Según mi opinión, es bueno hacer unas tareas diarias porque ayudan a mantener un hilo conductor entre la escuela y la familia, a establecer unos hábitos diarios y a seguir con los aprendizajes académicos, pero dicho esto, cuando las tareas propuestas pasan a ser un cultivo de estrés que perjudica a todos, lo mencionado pierde el sentido. Cuando esto ocurre, hemos de replantearnos la situación y una muy buena opción puede ser bajar las exigencias escolares y priorizar las relaciones y el bienestar emocional familiar. El estar todos juntos en casa también puede ser una oportunidad para reforzar el vínculo con nuestros hijos. Y esto sí que es importante y prevalecerá en el tiempo. Los aprendizajes académicos no os preocupéis que ya se recuperarán. Suficientes esfuerzos estamos haciendo todos, padres, hijos y profesores cómo para que vayamos sumando más exigencias que no nos ayudan.


Ahora sí, me despido dejando unas cuantas preguntas al aire para reflexionar:


– ¿Qué recuerdos os gustaría que tuvieran vuestros hijos del confinamiento?


– ¿Qué queréis que aprendan de lo que estamos viviendo?


– ¿Cómo lo queréis vivir vosotros?