logo%20montse_edited.jpg
montsepijuan_edited.png

¿CÓMO ACOMPAÑAR A NUESTROS HIJOS DURANTE LA ADAPTACIÓN ESCOLAR?

Actualizado: 16 sept


Estamos a las puertas de otro inicio escolar y como cada año los más pequeños han de pasar por un proceso de adaptación que puede ser más o menos largo y respetuoso según las normas y pautas educativas que establezca el colegio, pero en general, es un momento complicado para todos, profesores, padres y sobre todo para los hijos. Y este año aún más porque llevamos a cuestas meses de confinamiento y estamos aprendiendo a vivir entre grandes interrogantes.

Y entre tanta incertidumbre quiero concretar unas pautas para ayudar en este proceso y que sea lo menos sufrido posible:

  • Empatizar con los hijos. Entender que las separaciones bruscas y con poco acompañamiento a edades tempranas (sobre todo los primeros 5 años de vida) pueden ser dolorosas porque evolutivamente los bebés-niños aún están en una etapa muy vulnerable, con mucha dependencia física y emocional de sus cuidadores. Ser conscientes de ello nos permitirá mirarles desde otra perspectiva, entender sus emociones (tristeza, rabia, frustración... ) y tener más empatía y paciencia.

  • Evitar juzgar y criticar sus emociones y sus comportamientos. No cortar las emociones ni castigarlos por lo que sienten. En anteriores escritos ya he explicado que las emociones son impulsos que vienen de dentro y que no son ni buenas ni malas, simplemente son. No se pueden evitar y por eso no tiene sentido juzgarlas. Es como juzgar a un niño por tener los ojos verdes. Es mejor nombrarlas para darles validez y de esta forma vuestro hijo se sentirá tenido en cuenta. Pensad también que muchos de los comportamientos que puedan tener durante el proceso de adaptación como despertares y terrores nocturnos, rabietas, dar golpes, pegar, llorar desconsoladamente, regresiones, somatizaciones…. pueden formar parte del proceso, aunque nos choquen. Son una manifestación de su malestar interno, de todo lo que no han podido integrar durante el día y que manifiestan cuando están con nosotros por el vínculo de confianza y incondicionalidad que tenemos con ellos. Somos su “zona de confort”. Cuando se comportan así, no lo hacen con la intención de ponernos las cosas difíciles o de hacernos enfadar como muchos adultos piensan. Ellos no nos quieren hacer nada, de verdad, simplemente nos expresan su malestar. Por lo tanto, es nuestra responsabilidad como padres, acompañarles en lo que sienten y a gestionar sus comportamientos sin generarles más sufrimiento. ¡Que nuestros hijos sientan que les podemos sostener cuando están mal! y no al revés.

  • No comparar su adaptación con la de otros niños, esto daña su autoestima. Cada uno tiene su ritmo y es importante que se lo respetemos tanto como la situación familiar y escolar nos lo permitan. Lo importante y significativo no es hacer una adaptación rápida, sino acompañar respetuosamente y a poder ser el tiempo que lo necesite el hijo porque cada uno tiene su propia historia, diferentes necesidades y ritmos madurativos.

  • Tomar conciencia de vuestros propios miedos e inseguridades para no transmitírselos. Una vez más, separar lo que es vuestro de lo que es suyo.

  • Centraros mucho en el presente, en el “aquí y ahora”. Evitar anticiparse y pensar que cada día es un nuevo día.

  • Buscar momentos de reconexión, de rencuentro y en un ambiente seguro para estrechar vínculos, para que así vuelvan a sentirse seguros. A estos momentos yo los llamo píldoras de seguridad, porque con estas pequeñas dosis diarias de presencia auténtica, los niños se sienten más seguros para dar pasos hacia delante y con paso firme.

  • Contactar con la naturaleza después del colegio para descargar tensiones y recuperar la armonía. La naturaleza tiene un ritmo y una energía propios y como nosotros somos parte de ella nos ayudará a recuperar el equilibrio interno.

  • Alternar con momentos de calma, haciendo actividades tranquilas como por ejemplo pintar con acuarelas, hacer barro, jugar con agua, explicarles cuentos, escuchar música relajante, baños calientes, masajes con aceites esenciales…. ayudan a descargar las tensiones acumuladas.

  • No sobrecargarlos con muchas actividades extraescolares, porque las primeras semanas de adaptación probablemente irán más cansados y en consecuencia pueden estar más irritables.

  • Priorizar su bienestar emocional a los aprendizajes académicos, estos ya vendrán.

  • Confiar en las capacidades de vuestros hijos y en su potencial para adaptarse a las nuevas situaciones. Expresarles esta confianza con palabras aunque no las entiendan porque el mensaje les llegará. La palabra tiene un poder reparador, utilicémosla.

  • Mucha creatividad e imaginación porque los niños en la primera infancia están en el mundo de la fantasía y hay un montón de recursos a nuestro alcance que podemos utilizar para gestionar situaciones críticas. Podemos hacerles un dibujo, escribir una palabra inspiradora en un papel, inventar canciones, hablar de personajes de cuentos, hadas, gnomos, inventar una historia con los objetos de apego…. Me acuerdo un día, cuando mi hijo Jan tenía unos 5-6 años que se despertó por la mañana diciendo que no quería ir al colegio. Que no y que no. Como tampoco era capaz de expresar lo que le pasaba con palabras y mucho menos cuales eran las causas de su malestar, (normal a esta edad) nos sentíamos anclados en el NO y no salíamos de allí. Entonces a su padre se le ocurrió recurrir a la imaginación para desbloquear el momento. Vio que Jan tenía una espada de madera en la habitación y aprovechó su afición por los castillos y los caballeros para decirle: “Jan eres tan fuerte y valiente como un caballero”. Le puso la espada encima de cada hombro y de la cabeza haciendo unos gestos solemnes, como si estuviéramos en una ceremonia, y le dijo: “a partir de este momento te nombro el valiente caballero Jan y te regalo este amuleto mágico para que te sientas aún con más fuerza cuando te sientas mal. Y cada vez que lo cojas entre tus manos, nosotros estaremos pensando en ti”. Y así fue como Jan al final salió de su habitación, con un amuleto bien guardado dentro de la mochila y sintiéndose un poco más seguro.

¡Mucho ánimo a todos!