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ALIMENTACIÓN SALUDABLE (P. 1)

Actualizado: 15 sept


En la actualidad hay mucha información sobre todo tipo de dietas, vegetariana, vegana, crudivegana, evolutiva, macrobiótica, energética… un listado inacabable que nos puede desorientar. Tener información es importante, pero a veces, tener demasiada nos puede llegar a saturar y confundir. Y hace ya un tiempo que observo que es uno de los problemas con los que nos encontramos hoy en día.


Estamos bombardeados de información para lograr una vida saludable. En el supermercado nos informan de los "superalimentos" que nos van a dar la felicidad, en el gimnasio nos dicen cuantas abdominales debemos hacer y cómo combinarlas con batidos proteicos para tener un cuerpo 10, en la televisión nos anuncian falsos productos saludables y al final acabamos con un listado interminable de dudas: que si es mejor tomar carne, pescado, tofu, o combinar los 3, que si está bien la barra libre de zumos verdes, si deberíamos evitar el aceite de palma… en fin, un montón de preguntas que es muy importante que nos respondan los especialistas, los dietistas-nutricionistas o médicos.


Porque ¡no todo vale para todos! es necesario personalizar. Lo que es bueno para uno no tiene porque serlo para otro o incluso, lo que es bueno para uno en una determinada etapa vital (infancia, adolescencia, embarazo, durante el proceso de una enfermedad etc.) no tiene porque serlo en otra etapa. Cada cuerpo y personalidad son diferentes y como somos personas en constante evolución, vamos cambiando y necesitamos dietas bien adaptadas a esta evolución y también a nuestro estilo de vida.


Por este motivo, con este escrito yo solamente quiero nombrar, a vista de pájaro, unas características comunes a casi todas las corrientes dietéticas, para poner un poco de luz a esta cuestión y sin entrar en individualidades.


Para empezar y rompiendo un poco con la inercia que ha habido durante muchos años, para mí, llevar una alimentación saludable va mucho más allá del mero hecho de contar calorías, porque si no, responded vosotros mismos: ¿qué nos conviene más, comer 3 galletas o una manzana que tiene las mismas calorías? La respuesta es obvia, ¿verdad? La manzana es un alimento primario que al no estar procesado mantiene todos sus nutrientes, en las cantidades y con una estructura físico y química adecuada para que nuestro cuerpo los reconozca y los asimile con facilidad. Por lo tanto, ha llegado el momento de sacarnos la losa de contar calorías de encima y vamos a hablar de nutrientes y de alimentos/productos saludables.


Habiendo dejado claro esto, cuando hablo de llevar una alimentación saludable me refiero a nutrirnos partiendo de la conciencia de lo que nos aporta salud y de lo que nos perjudica. Aquí está la clave para llevar este tipo de alimentación. Hoy en día, inevitablemente tenemos que estar mínimamente informados porque hay una parte de la industria alimentaria que no es transparente y antepone sus beneficios económicos a nuestra salud. Debemos lidiar lo mejor que podamos con ello. Y una vez tengamos la información adecuada a nuestras necesidades, es importante tomar decisiones, ser proactivos con nuestra salud y hacerlo desde la conciencia. Esto nos permitirá empoderarnos, coger las riendas y dejar de ser unos meros observadores de nuestra salud.


Aquí van algunas pautas generales:


– Comer alimentos primarios que conserven su energía vital y nutrientes: frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, huevos, carne, pescado, marisco, yogures, kéfir y quesos (preferiblemente de oveja y cabra), algas, hierbas aromáticas, especias, semillas, miso, aceites vírgenes extras de extracción en frío, vinagres sin pasteurizar y sal marina sin refinar. Y cuanta más variedad mejor. Todo ello adaptado a cada sistema digestivo y a la corriente dietética que elijamos.


Y dentro de esta sección quiero mencionar también agua de calidad, la gran olvidada. Como dato curioso, sólo deciros que el cuerpo se compone de agua ¡en un 60-70%! Así que los números hablan por sí solos, o sea que a partir de ahora a darle la importancia que se merece.


Reducir los procesados de mala calidad y refinados. Reducir todos aquellos productos que no están en su estado natural, que han pasado por un proceso industrializado para potenciar su sabor, para quitarle o agregarle alguna sustancia, cambiar su textura, humedad o forma etc. Estoy hablando de: azúcares refinados (¡blanco y moreno!), harinas blancas, aceites refinados, grasas trans o hidrogenadas, carnes ultra-procesadas, productos light, bollería, snacks, bebidas azucaradas –incluidos muchos zumos de frutas-, alcohol etc.


¡Ojo al dato! Según la nutricionista Neus Elcacho en su libro La dieta de las emociones, consumir estos productos procesados a diario y en cada uno de nuestros platos aumenta el riesgo de sufrir un trastorno depresivo en un 60%.


Escoger alimentos de temporada, de proximidad y a poder ser ecológicos. Nos aportan todo su potencial físico, químico y energético, y así evitamos tóxicos.


Cocinar y combinar los alimentos adecuadamente, con cocciones y técnicas respetuosas para nutrirnos con el máximo de nutrientes y para poder tener buenas digestiones. Priorizando cocciones al vapor, al horno, al wok o a la plancha y evitando los fritos a altas temperaturas y las barbacoas. Mejor dejarlos para ocasiones especiales. Y sobre todo que haya verduras en cada plato (crudas, cocidas, germinadas, fermentadas…). Deberían de formar parte del 40-50% de nuestro plato.


– Y, por último, pero no menos importante, ¡disfrutar durante todo el proceso! Encontrar placer con lo que hacemos. La actitud con la que cocinamos y comemos va a influir en el resultado final, os lo aseguro. Es una obviedad, pero siempre va bien recordarlo porque es de fácil olvido. Y sino responded vosotros mismos: ¿nos nutrimos bien si comemos con ansiedad, con prisas y sin masticar?, ¿qué sentido tiene preparar un plato muy saludable, pero que no nos gusta o hacerlo de mala gana? Pues ninguno.


Para mi, la cocina y el comer van ligados al PLACER. Sí, sí en mayúsculas. Un placer que nos activa los sentidos y nos conecta con la vida. Hemos de aprender a disfrutar comiendo, regalándonos un tiempo para cocinar platos que nos gusten y nos nutran, y también para saborearlos, dejando atrás el contar calorías, el control obsesivo del peso y frenando los sentimientos de culpa distorsionados.


Se trata de personalizar, cocinar y comer con conciencia, encontrar un equilibrio entre lo que es saludable y nuestro estilo de vida y disfrutar haciéndolo.


Es un tipo de alimentación que nos tiene que nutrir y dar placer, y lo tiene que hacer en las diferentes dimensiones humanas: física, psicológica y espiritual.


Si llegados a este punto ya estáis convencidos, empezar a caminar desde ahora mismo con paso firme hacia una vida más saludable y pronto veréis los beneficios.