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ACTIVAR SEMILLAS

Actualizado: 15 sept 2022


A menudo, muchos de vosotros me preguntáis porque se han de activar las semillas. Surgen bastantes dudas al respeto y con el siguiente escrito espero resolver algunas.


Las semillas (frutos secos, cereales, legumbres, semillas propiamente dichas como el lino, la chía etc.) tienen muchas propiedades beneficiosas para nuestra salud, un compendio de proteínas, grasas saludables, vitaminas, minerales y fibra, pero también tienen un inconveniente, casi todas ellas contienen unos anti-nutrientes (ácido fítico, taninos y oxalatos) e inhibidores enzimáticos que las protegen de los depredadores y evitan que no germinen antes de tiempo, solamente cuando las condiciones externas (de humedad, temperatura etc.) sean las adecuadas. Son estrategias que utiliza la naturaleza para sobrevivir. Por ejemplo, cuando un animal come la semilla de un cereal, los anti-nutrientes que se encuentran en el germen hacen que no la digieran bien y la expulsen a través de las heces, así y podrá volver a germinar y a dar vida.


Los anti-nutrientes e inhibidores enzimáticos mencionados nos dificultan su digestión y no nos dejan absorber algunos de sus minerales como el hierro, calcio, magnesio o zinc, pero si tomamos unas precauciones estos efectos negativos se reducirán: se deben activar. ¿Y cómo se activan? Con:


– el remojo o

– la germinación o

– tostándolas ligeramente


Cuando entran en contacto con el agua se despiertan, salen de su estado de hibernación y empiezan un proceso natural de germinación para desarrollarse, activando así unas enzimas (como la fitasa) que contrarrestan los inconvenientes anteriores, aumentando así su digestibilidad, la absorción de sus nutrientes y de toda su energía vital.


Si no activáis las semillas, no es que os roben nutrientes del cuerpo más bien que no os permitirán asimilar los que contiene el alimento porque el antinutriente se une con uno de sus minerales formando complejos insolubles que vuestro intestino no puede absorber.


Hay mucha variedad de información acerca del tiempo del remojo, pero básicamente dependerá de la estructura de la semilla y su capacidad de absorción, pero en general entre 4-8 horas ya será suficiente. El trigo sarraceno por ejemplo, como absorbe agua con más facilidad con 2-4 horas de remojo ya será suficiente.


En casa, para ser práctica y no estar contando los minutos, lo que hago es dejar les semillas en remojo la noche anterior y así me aseguro bien su activación.


Hay algunas semillas en particular que tienen estos inhibidores enzimáticos en su cáscara y no dentro, con lo que no será necesaria la activación. Es el caso de las avellanas, los piñones, los pistachos, las nueces de Brasil, las nueces de Macadamia y las semillas de cáñamo.


Los anacardos se merecen una mención a parte porque para encontrarlos tal y como se nos presentan en los mercados y supermercados previamente han de pasar por un proceso de calentamiento (alrededor de los 70ºC) para poderles extraer su corteza que es bastante tóxica, con lo que ya se ha hecho una previa activación.


¿Cómo hacer el remojo?


1- Lavar las semillas crudas con un colador y agua de calidad para sacar las impurezas hasta que el agua salga limpia.


2- Cubrirlas con el doble de agua y ponerle un chorrito de limón o vinagre de manzana sin filtrar para tener un medio ligeramente ácido.


3- Dejarlas en remojo toda la noche.


4- Escurrir y pasarlas una última vez por debajo de agua para sacar las impurezas restantes.


Veréis que el sabor de los frutos secos remojados cambia, es más suave y su textura se reblandece. Si os gustan así, los podéis secar con un paño y guardar en la nevera dentro de un tarro. Se conservaran unos 3 días aproximadamente, pero si por el contrario no os gustaran, los podéis tostar ligeramente controlando muy bien la temperatura para no quemar sus ácidos grasos.


El remojo también os ayudará a triturar mejor las semillas si queréis hacer una paté, una salsa o una leche vegetal.


Y ya está ¡listas para comer o cocinar!

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