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ACOMPAÑAR PARA QUE LOS NIÑOS DESARROLLEN LA INTELIGENCIA EMOCIONAL


Según mi experiencia en consulta y escuelas, la mejor manera de trabajar la inteligencia emocional no es a través de fichas o de imágenes de caras contentas, enfadadas o tristes. Estas opciones, pueden ser una herramienta complementaria interesante, pero lo deseable es aprender a partir de las propias vivencias, de las situaciones diarias que los niños van viviendo y que bien acompañadas por un adulto le permitirán conectar con su sentir y con los propios recursos.


¿Y por qué digo bien acompañadas? Pues porque una vez más, la mirada primero tiene que estar en el adulto, en el sentido de que no podemos enseñar a desarrollar la inteligencia emocional a los niños si no la hemos desarrollado nosotros. Es decir, el adulto no puede transmitir algo que no tiene.


La vida cada día nos pone delante infinidad de situaciones que, tanto dentro del contexto escolar como del hogar, son oportunidades para desarrollar esta inteligencia emocional. Desde los momentos en que un niño se frustra porque no le sale un ejercicio o se enfada y pega a un compañero porque le ha quitado un juguete o se siente triste porque un adulto le ha juzgado. Es desde la propia vivencia que le será más fácil de conectar con su sentir e integrar aprendizajes, dejando una huella de verdad.


Entonces, cuando lo hacemos de otras formas nos quedamos en la superficialidad y los niños acaban aprendiendo por repetición o por miedo., es como que memorizar conocimientos y valores vacíos de conciencia. Aprendan conceptos sin llegar a SENTIR su significado.