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¿A QUIÉN SE LE OCURRIÓ LA IDEA DE QUE LOS NIÑOS NO SE PUEDEN ENFADAR?

Actualizado: 16 sept


Yo no lo sé, pero menudo trabajazo nos hizo porque lo tenemos bien grabado en el inconsciente y actuamos acorde a ello.


Desde hace años lo veo en muchas personas que están en contacto con niños a través de expresiones como las siguientes: “¿ya te enfadas otra vez?”, “a la habitación hasta que se te pase”, “ahora tienes doble trabajo: enfadarte y desenfadarte”, “mira hijo, si te enfadas me pongo triste”, “si no lloras te compro una golosina”, “quiero que pares ya, ¡qué te has pensado!”, “con todo lo que hago por ti, ¿así me lo agradeces?”… y un largo etcétera. Os imagináis que un día llegáis a casa sintiéndoos tristes y con rabia porque habéis tenido una mala experiencia en el trabajo y vuestra pareja os dice: “mira cariño, mejor no me expliques lo que te ha pasado porque me frustro yo también” o “no sé porqué te enfadas, pero si es un a tontería” o “si dejas de llorar hoy te preparo la cena”, “vete a la habitación a reflexionar y cuando estés más tranquila ya lo hablamos”… ¿da mucha rabia eeeeeeh?... pues a los niños también.


Los enfados de nuestros hijos nos incomodan. No sabemos lidiar con ellos porque probablemente no nos enseñaron a lidiar con los nuestros de una forma asertiva y lo tenemos que aprender poniendo consciencia.


No voy a negar que sostener el enfado de un niño pequeño puede ser agotador, incluso nos puede sacar de nuestro centro, pero cortar el enfado, haciéndoles sentir mal, juzgando su sentir o manipulando no es el camino.


Tenemos la oportunidad de cambiar esta transmisión generacional y acompañar a los niños de una forma diferente, dándoles tiempo para que expresen lo que sienten, sea la emoción que sea (tristeza, alegría, rabia, miedo…) y cuando su intensidad disminuya, entonces ya podremos razonar con ellos.


De hecho, si lo pensáis bien expresar lo que sienten es de los pocos derechos que tienen.