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2. EL AZÚCAR


Cuando tomamos azúcar sentimos una explosión de placer en el cuerpo, nuestro cerebro lo registra y entonces nos pide más alterando la sensación de hambre y nuestra capacidad natural de autorregulación. Esto nos lleva a entrar en círculos viciosos poco saludables y a confundir el placer momentáneo con la felicidad porque realmente el concepto de felicidad es mucho más amplio, profundo y complejo que una cucharada de azúcar, tanto que requiere de un proceso de autoconocimiento, del desarrollo habilidades sociales como la asertividad, la empatía, el respeto etc.


También es importante saber que el consumo habitual de azúcar refinado:

  • Daña el cerebro influyendo negativamente en la memoria, en la atención y en consecuencia en la realización de determinados aprendizajes.

  • Produce picos de glucemia (“subidones”) que acaban con una bajada repentina de la energía y con una sensación de vacío e irritabilidad.

  • Altera el sueño.

  • Y a largo plazo puede producir agotamiento, dolores de cabeza, ansiedad, síntomas depresivos, hiperactividad, poca claridad mental, obesidad, enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, diabetes, caries, inflamación etc.


Pensemos bien lo que les damos de comer a nuestros hijos porque lo que ingieren nutre cada una de las células de su cuerpo, incluidas las neuronas. Tendrá una influencia en su forma de SENTIR, PENSAR y de ACTUAR.